lunes, 11 de enero de 2016

Capítulo 42 - ¡Ni que fuera verdad!

HOLA!!!!!!! FELIZ AÑO!

Mejor no hago la cuenta de cuánto tiempo llevo sin aparecer por aquí porque no tiene sentido. Pido mil disculpas pero no me ha quedado otro remedio que dejar apartado el escribir por un tiempo. Pero ya estoy aquí.

Aquí os dejo un nuevo capítulo y voy a subir uno o dos todos los días - dependiendo de como respondáis y si alguien sigue leyendo del otro lado jajaja.

En el capítulo anterior, alguien me preguntó si publico en Wattpad y hasta ahora no, pero voy a empezar a publicar la novela por ahí hasta ir a la par con el blog y publicar en ambos sitios al mismo tiempo.

Y la persona que dijo que estaba publicando mis novelas en Wattpad, no es que me moleste o me deje de molestar es que antes de hacerlo deberías haberme al menos avisado que ibas a hacerlo. Voy a publicar también en Wattpad, así que por favor, te pido que no lo hagas tú.

Aquí os dejo nuevo capítulo.





CAPÍTULO 42

Empiezo a notar como el sol me da en los ojos. Normalmente hecho las cortinas por las noches, pero ayer no tenía cabeza para otra cosa que no fuera dejarme amar y amar a Peter. Me giro en la cama y veo que está dormido, bocabajo, con los brazos bajo la almohada y mirando hacia a mí.

Me acerco un poco más a él, y disfruto de su olor natural, y me dan ganas de tocar y acariciar su espalda, repleta de lunares. Comienzo pasar mi mano hacia arriba y hacia abajo, disfrutando de su tacto. No creí que jamás pudiera ser tan feliz. Recuerdo lo que le dije ayer, y soy plenamente consciente que es cierto y que no es ni porque esté con él ni por la gran noche que pasamos juntos. Sino que es verdad. No es mi primer amor, porque tanto a Víctor como a Marcello los amé, incluso puede que algo de amor sintiera en su momento por Óscar. Pero por Peter es algo diferente, especial. Me hace sentir única estando con él e incluso cuando no está conmigo, me hace sentir especial y me da la energía suficiente para hacer lo que quiera y enfrentar a todo impedimento que aparezca en mi vida.

- Buenos días – dice, lo miro y lo veo sonreír.

- Buenos días – respondo y lo beso.

- Estabas embobada mirándome la espalda.

- Estaba embobada pensando en lo que te amo y en lo que me has convertido.

- Yo también te amo – dice incorporándose y hace que me siente sobre él, dejando mis piernas a los lados de su cuerpo. Me besa y lo beso – pero yo no te he convertido en nada Lali.

- Sí. Me has convertido en una persona plenamente feliz.

- Cariño yo…

- No me has cambiado Peter… o sí. Sigo siendo yo, pero has hecho que me dé cuenta que tengo que disfrutar de la vida. Que tengo que confiar en que puedo hacer lo que me proponga, y sobre todo, me has hecho sentir que merezco que alguien me ame como tú lo haces y me has permitido quererte como siempre he deseado. Anoche te dije que te amo como nunca he amado a nadie, y quiero que sepas que es totalmente de verdad.

- Lali yo

- Escúchame. Sabes que he estado enamorada, antes de ti, pero nunca me he sentido verdaderamente amada. Nunca he sentido que la otra persona estaba para mí siempre que lo necesitara, para compartir mis éxitos y abrazarme en los momentos malos… nunca…

- Me alegra ser el primero – dice él – me alegra ser la persona con la que has sentido todo eso la primera vez. Tú me haces sentir único y ahora sé por qué. Porque confías plenamente en mí y sabes que es recíproco, porque tú te has convertido en mi pilar fundamental y porque, aunque sé que llevamos muy poco tiempo juntos, quiero que esto me dure para siempre.

No soy capaz de decir nada, porque si abro la boca las lágrimas que están acumuladas en mis ojos, saldrán como si hubiera abierto la compuerta de una presa, así que lo miro a los ojos con toda la emoción que siento y lo beso sin más.

- Gorda – me dice después de estar besándonos un rato – creo que deberías responder a quien te esté llamando al móvil.

- ¿Pero ha sonado? – le pregunto porque de verdad no lo he oído. Estiro el brazo hasta llegar a mi mesilla de noche y lo cojo – Es mi padre – abro la conversación de whatsapp y leo lo que me ha escrito – quiere que comamos juntos y pasemos la tarde juntos, antes de que se vaya hoy para Málaga. ¿Te vas a venir ¿no?

- Creo que no cariño.

- ¿Tienes algo que hacer? – le pregunto curiosa.

- Nada mejor que estar contigo.

- ¿Entonces?

- Creo que tienes que estar a solas con tu padre, y más si quieres hablar con él sobre tu madre.

- Pero me gustaría que me acompañases.

- Chispas, sabes que me tienes para lo que quieras y lo que necesitas. Pero también creo que tú y tu padre tenéis que tener un momento de tranquilidad y privacidad para charlar. No quiero molestar.

- No molestas, no digas tonterías.

- No son tonterías, pequeña. Sé que tu padre no tiene problemas conmigo pero también estoy seguro que necesita estar en plena confianza para poder hablar tranquilamente contigo.

- Pero…

- Pero nada. – me dice y me calla de un beso – te propongo algo. Nos duchamos, nos mimamos, nos preparamos y te dejo en el hotel de tu padre para que comáis juntos. Y os recojo un rato antes, para tomar un café juntos y llevarlo al aeropuerto. ¿Qué te parece?

- Una buen plan, aunque no el mejor, porque de verdad que me gustaría que estuvieras conmigo en ese momento. Pero creo que tienes razón, que mi padre estará más cómodo si estamos solos.

Me besa, sale de la cama y se encamina al baño. Aun estamos los dos desnudos y me da un placer inexplicable sentirme tan cómoda con él aun en esta situación.

- Chist chist – chisto para llamarlo – has dicho que nos duchábamos. Eso es primera persona del plural, lo que indica más de una persona.

- Eres insaciable chispita – dice volviendo y nos encaminamos hacia la ducha de la misma manera que recorrimos el camino anoche.

Nos duchamos entre besos, y caricias. Amanecer y hacer el amor con Peter me da energía para todo el día. Salgo primera de la ducha, para empezar a vestirme porque claramente voy a tardar más que él. Me seco, me pongo la crema en el cuerpo y ya lo tengo al lado secándose y vistiéndose.

- Eres un tramposo – me quejo porque mientras me visto y él ya está casi listo, me besa y me acaricia retrasándome.

- Esta bien, te dejo terminar tranquila. Voy a recoger el desastre que has hecho en el baño.

- Claro que tú no has colaborado ¿no? – grito riéndome porque ya se ha ido del cuarto.

Me pongo un traje blanco, con rayas horizontales azules que me llega hasta los pies. Busco mis sandalias planas y me las pongo. Peter vuelve al cuarto, me da un beso y se pone a hacer la cama mientras me seco el pelo con la toalla y me peino, dejándolo suelto para que se termine de secar con el aire. Me pongo un poco de base, rímel, lápiz de ojos, brillo de labios y lista.

- Gracias – le digo cuando ha terminado de hacer la cama.

- ¿Por recoger tu casa? – me bromea.

- Por eso, y por quererme.

- Entonces yo también te tengo que agradecer que me quieras y sobre todo que me dejes quererte. – me besa y lo miro riéndome – odio tus brillos de labios.

- Ven que te quito los restos, anda – digo quitándole con mis dedos el brillo de labio que me ha quitado – ahora me lo tengo que poner de nuevo.

- No, gorda.

- ¿No te gusta como sabe o qué?

- No me gusta no poder saborear tus labios al natural, eso es lo que no me gusta.

Me levanto para buscar una toallita desmaquilladora en el tocador, me quito todo el labial que llevo y me vuelvo para besarlo. No puedo quererlo más.

- Ahora sí que sí – dice después de que yo lo bese y me vuelve a besar sonriendo - ¿Nos vamos?

- Sí – cojo el bolso, reviso que lo llevo todo – vamos.

Él coge las llaves de su coche, guarda su cartera en su bolsillo trasero y su móvil lo lleva en la mano izquierda porque la derecha la entrelaza con la mía. Llegamos al coche, que está aparcado a diez minutos de casa. Nos montamos y me lleva al hotel. En el camino me dice que va a llamar a su hermana para comer con ella, su cuñado está de viaje de trabajo y tiene ganas de verla.

- Mándale saludos a Irene de mi parte. Te quiero – le doy un beso y antes de bajarme me agarra el brazo y me da un beso él.

- Avísame cuando quieras que venga y aquí me vas a tener. Te amo – me da otro beso y me regala su hermosa sonrisa.

Entro en el hotel y me dirijo a recepción. Pero como hay varias personas, le mando un mensaje a mi padre diciéndole que estoy en la entrada.

- Marianita querida – escucho que saludan.

- Héctor – lo saludo con un abrazo. Es el gerente del hotel – Estás guapísimo.

- No más que tú corazón. Estás preciosa niña, y con una sonrisa que te ilumina la cara.

- Gracias. Y sí estoy feliz.

- ¿A qué se debe esa felicidad? Vamos a la cafetería a hablar un ratito. Carmen, si necesitáis algo estoy en cafetería con la señorita Espósito – le dice a la recepcionista.

- Si Héctor. Hola señorita, no la había reconocido, perdón – se disculpa ella sin mucho sentido, al menos para mí.

- No tenías por qué Carmen, no te preocupes. Y tutéame por favor, eres hasta más pequeña que yo seguramente. Avisa a mi padre que estamos en la cafetería por favor – le sonrío y me voy con Héctor a la cafetería. – Mucho trabajo por lo que veo.

- La verdad no nos podemos quejar. Para ser la fecha que es y el calor que sigue haciendo en la capital, hay bastante gente. Es cierto también que tenemos una convención de periodismo que se celebra en estos tres días y también eso se nota muchísimo.

- Me alegro que estéis tan bien. Y ¿Cómo está Carlota?

- Muy bien, no sé si lo sabes pero para diciembre esperamos a la niña.

- No lo sabía. Felicidades, a la tercera va a la vencida – bromeo y el se ríe.

- Esta mañana al entrar he visto que tu padre estaba alojado en una de las suits del hotel y me ha sorprendido. No suele venir mucho por aquí, al menos solo. Y ya verte a ti… ¿sucede algo?

- No, está aquí porque ha venido a verme, a ver a mis tíos, hoy sale para Málaga, y vuelve para una conferencia a la que lo han invitado. Y he venido a buscarlo para ir a comer juntos. Le dije que se quedara en casa, pero me dijo que no quería molestar.

- Tu padre siempre tan respetuoso, nunca cambia. Y ese brillo que tienes en los ojos ¿a qué se debe?

- No puedes conocerme tan bien.

- Pues aunque no te vea muy a menudo, porque no apareces mucho por aquí salvo cuando alguien de tu familia se hospeda en nuestro hotel… te he visto casi crecer así que sí… puedo decir que te conozco chiquitina.

- Ya no soy una chiquitina Héctor – le recuerdo – pero sí estoy feliz. Y esta felicidad se la debo a un hombre que me está enseñando lo que es el amor de verdad.

- Me alegro tanto, te lo mereces – me dice y me abraza.

- Héctor, deja a mi hija que me pongo celoso – escucho la voz de mi padre. - Buenos tardes cariño – dice mi padre cuando me ve en la cafetería del hotel.

- Buenos tardes papá – me levanto para saludarlo.

- Buenas tardes Martín – se saludan con un abrazo, porque además de gerente y dueño (aunque mi padre no se considera tal) son amigos. – Me alegra verte por aquí.

- A mi también me alegra verte aquí nuevamente Héctor. ¿Cómo está Carlota? Me he enterado que la pequeña por fin viene en camino.

- Sí, por fin mi Carlotita viene en camino. ¿Coméis en el restaurante del hotel? Hay un muy buen menú hoy.

- No es por despreciar la invitación ni la comida del hotel Héctor pero, quiero invitarlo a comer en una terracita madrileña.

- Eso cariño, al fresquito – bromea mi padre – Gracias Héctor, pero vamos a pasearnos por esta hermosa y calurosa ciudad.

Nos despedimos del gerente, y salimos del hotel. Está a quince minutos del centro de Madrid, así que caminamos mientras mi padre me contaba y me daba los saludos de todos mis primos y mis tíos. Llegamos a un bar y nos sentamos en una terraza y pedimos una cerveza fresquita para beber y algo para tapear.

- Papá, ¿podemos hablar de mamá?

- Lali cielo…

- Por favor, no me esquives el tema. La última vez que la vi nos peleamos. Sé que no está bien lo que hice con Peter, pero gracias a esa estupidez ahora estoy con él y es lo mejor que me ha pasado en mi vida.

- Lo sé, hija. Cuando estuvisteis en casa se os veía muy felices, y verdaderamente cómplices. Y anoche… se nota a legua que de verdad os queréis. Y me alegro mucho por ti y por él porque se ve que es un gran hombre.

- Es el mejor que ha pasado por mi vida, mejorando lo presente – bromeo – Pero de verdad, necesito que me cuentes la verdad de una vez.

- Está bien Lali, te lo voy a contar. Hace años, eras muy pequeña, tu madre tuvo una aventura con el padre de Óscar. Ya antes de estar conmigo, ellos habían estado juntos y parece que algo de eso quedó vivo en tu madre – me contaba y podía notar su dolor – Yo amo a tu madre, y cuando me contó lo que había pasado, me prometió que nunca más iba a suceder. Que estaba arrepentida y que me amaba a mí y por eso había terminado con esa locura.

- Papá..

- No me interrumpas, por favor, porque no sé si voy a poder seguir… Cuando Óscar comenzó a fijarse en ti, a mí no me gustó la idea, no solo porque volverían a estar cerca tu madre y el padre de él sino porque, no quería que estuvieras con ese chico. No si podría tener las mismas intenciones de su padre, de estar con más de una mujer a la vez… Pero entonces tú lo aceptaste y te veía feliz así que no podía hacer otra cosa que aceptarlo. Tu madre tenía delirio por él y a mí me molestaba porque no podía evitar pensar que era por ser hijo del hombre del que había estado enamorada. Me prometió que no pasaba nada con él, que solo estaba así porque era un buen chico y que tu lo querías… pero cuando comenzaste a no estar de acuerdo con el que era tu novio, me alegré no sabes cuánto. Por fin esa familia saldría de la nuestra, pero tu madre se empeñaba en mantenerlo cerca, por eso cuando decidiste venirte a España, te apoyé. No solo porque era lo que querías sino porque necesitaba comprobar si tu madre quería estar cerca de esa familia porque le gustaba a Óscar para ti, o porque aún seguía sintiendo algo por su padre. Cuando te viniste, se acabó la relación diaria pero seguían manteniendo contacto con esa familia, aunque de manera esporádica y solo por temas laborales así que recuperamos de nuevo nuestro matrimonio, y yo confié en ella. Pero hace menos de un año Óscar se presentó en casa y empezó a convencer a tu madre que te quería y quería estar contigo, y empezaron a plantear como sería vuestro futuro si estabais juntos. Cuando me enteré de eso, tuve una gran discusión con tu madre y terminamos en el hospital.

- ¿Qué pasó?

- Tuve un amago de infarto cariño – me llevé las manos a la boca – pero no fue nada, tranquila.

- ¿Por qué no me dijisteis nada?

- Porque no quería preocuparte, no había razón para hacerlo. Después de eso, tu madre ha estado mucho más tranquila con el tema sobre todo conmigo. El médico nos dijo que tenía que cuidarme, porque podría volver a darme y esta vez no sería un amago. Tengo un tratamiento para el corazón, pero te prometo que no es nada grave. Soy médico y no te mentiría.

- Por eso mamá es tan suave cuando estás delante.

- Sí, tiene miedo que pueda pasarme algo.

- Pero papá, tenía derecho a saber lo que te había pasado. – digo con lágrimas en los ojos y enfadada. – No estoy enfadada porque me hayáis ocultado que vuestro matrimonio no es perfecto, sino porque me hayáis mentido con tu enfermedad.

- Lo sé y lo siento. Pero no es grave. Son problemas cardíacos que si me cuido y sigo el tratamiento no me va a pasar nada.

- Papá, no quiero perderte – lo abrazo y vuelvo a sentarme.

- No me vas a perder, estoy bien Lalita. Pero hay algo más.

- ¿Qué pasa? – pregunto asustada.

- Es cierto que estoy aquí para ver a mi familia y para la conferencia, pero también le he pedido a tu madre que me diera un tiempo.

- ¿Os vais a divorciar?

4 comentarios:

Arii dijo...

Que bueno que volviste a escribir!!

Alejandra Torrejón dijo...

Que ganas de leerte de nuevo corazón, me encanta la historia y como no se va a separar el padre si la madre es capaz a veces de sacar lo peor de cada uno

Anónimo dijo...

++++++++++

Chari dijo...

Joroba con la madre ,tuvo su propio desliz,y se permite criticar a Peter, y alabar a Oscarcito.

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