viernes, 4 de marzo de 2016

Capítulo 73 - ¡Ni que fuera verdad!

De vuelta por aquí... aquí va el último capítulo. En un par de horas subo el epílogo.



CAPÍTULO 73

Dos semanas después de todo lo sucedido estoy mejor. No he vuelto a hablar con mis padres, no quiero hacerlo. Necesito tiempo y es lo que les he pedido que cuando esté preparada seré yo quien los busque para hablar.

Claudia y Juan antes de volver a Cádiz nos hicieron prometer que el fin de año lo pasaríamos con ellos. Yo les pregunté si podíamos pasar también allí la nochebuena y la navidad puesto que estaba más que claro que no iba a ir a Irlanda a celebrar las fiestas con ellos. Mis suegros aceptaron encantados que pasáramos todas las navidades con ellos. Sabían que algo había pasado, sobre todo porque de la pelea con Óscar aunque Peter no recibió muchos golpes, sí los suficientes para que le dejaran marcas. Sabían eso y que había discutido con mis padres, pero nadie, exceptuando Peter, mis padres y yo, sabíamos la verdad completa.

La fiesta de Navidad de la academia salió increíblemente bien. Es más, los alumnos de la escuela nos prepararon una sorpresa a los profesores, donde además de un mini musical, nos hicieron algunos pequeños regalos que durante las clases y las charlas que habíamos tenido, nos habíamos conocidos y a cada uno nos hicieron un regalo personificado además de regalarnos flores. En mi caso, fue un cuadro, dibujado a mano de una foto en la que aparezco bailando salsa.

Estas dos semanas habían sido muy ajetreadas. Nos habíamos conseguido mudar. Mi piso decidí no alquilarlo de momento y el de Peter era de alquiler así que las cosas que de momento no nos llevaríamos a la nueva casa, las dejamos en mi apartamento. Aunque al principio fue un poco caótico acostumbrarnos a vivir todos juntos, por fin nos habíamos habituado a nuestra nueva rutina. De las niñas nos encargábamos los cuatro a partes iguales, compaginando los horarios de trabajo, para que todos pudiéramos descansar lo suficiente sobre todo por las noches.

El día antes de viajar a Cádiz, me despido de mis amigas con una buena cena en nuestro restaurante favorito.

- Chicas, dentro de nada os mandaré las invitaciones. Peter llegó antes de ayer con la sorpresa de que tenía la fecha de la boda. Será el 6 de agosto. Un par de meses después que el bautizo de las gemelas.

- Ala hija con toda la calor, que barbaridad. – dice Charo bromeando.

- ¿Dónde va a ser? – pregunta Yari.

- Yo sé que a Peter le gustaría en Cádiz pero como terreno neutral hemos elegido aquí en Madrid. Aunque también quiero organizar algo para nosotros dos, en una playa… ¿Puedes ayudarme Irene? – le pregunto a mi cuñada.

- Pues claro que sí. Hay muchas playas bonitas en Cádiz, elegimos la que más te guste, un buen hotel cerca y todo para vosotros.

- Gracias coletas – hago mío el apodo de Peter y ella se ríe.

- De nada cuñadita. Te adoro y lo sabes, eres mi debilidad, mi cuñada preferida.

- Cómo que soy la única que tienes.

- Detalles sin importancia – añade ella y provoca las risas de toda la mesa.

- Bueno, nosotras queremos invitaros también a nuestra boda, a diferencia que nosotras sí traemos ya las invitaciones. – Dice Sonia – aquí tenéis.

- ¿El 14 de febrero? Qué romántico por favor – dice Soraya.

- Sois muy originales – dice Nai.

- Yo espero que las pequeñajas en agosto ya anden y puedan ser mis mini damas de honor.

- Pues nada, a enseñarlas en cuanto crezcan un poco – dice Julia.

Pasamos una noche muy divertida que no termina muy tarde, puesto que al día siguiente en cuanto Peter sale de trabajar del bar a las dos de la tarde, tenemos que coger el avión tren para Cádiz que llega sobre las ocho de la tarde. Cuando llegamos a casa, Peter está con las gemelas, quienes pasarán la nochebuena con sus madres y el fin de año las cuatros viajan a Cádiz a estar con nosotros.

- ¿Cómo se han portado Pitt? – pregunta Julia cuando vuelve de verlas en el cuarto.

- Genial. Aunque me han faltado manos para darles de comer, pero ha estado Dani echándome una mano.

- Le puedo decir a Yari entonces que será un buen papá…

- No lo dudes Chispas. ¿Qué tal la cena?

- Muy bien muy divertida, pero estoy muerta, y aun mañana tengo que terminar de hacer las maletas… ¿nos vamos a dormir?

- Cómo mi reina mande – dice y me besa – buenas noches chicas.

- Buenas noches – las saludo y me subo en la espalda de Peter quien me lleva a caballito hasta la habitación.

- ¿Estás tan cansada como para no hacer el amor conmigo? – me pregunta él mientras, con un bailecito muy sensual a la par que gracioso, se va desnudando.

- Para hacer el amor contigo, nunca voy a estar cansada – le respondo y se tira sobre mí para terminar envueltos en una maraña de sábanas y abrazados después de haber hecho el amor.

Al día siguiente todo es a la bulla: terminar maletas, esperar que Peter salga de trabajar. Despedirnos de las niñas, de Sonia y Julia. Ir a buscar a Sergio e Irene con quienes viajamos en el tren a Cádiz. Menos mal que en el viaje consigo dormir un poco. Cuando llegamos, un poco más tarde de lo previsto, nos recoge Miguel en la estación y nos dirigimos al campo de Chiclana puesto que allí se reunirá la familia de Claudia y algunos amigos después de la cena. Lo más rápido que puedo, llego, me ducho y me arreglo. Para esta noche he elegido un vestido strepless estilo marinero. Todos cenamos y cuando hemos terminado, los gemelos se ponen en el centro del salón.

- Atención – dice Manu.

- Tenemos algo que deciros – sigue Mario.

- Vamos a ser hermanos mayores – dijeron al unísono.

- ¿Cómo? – Pregunta Claudia mirando a su hija.

- Sí mamá. Miguel y yo hemos decidido esperar a los tres meses para decirlo. Estoy de trece semanas y media, y aunque todavía no sabemos que es, tanto los gemelos como el padre se han empeñado en que viene otro pequeñajo en camino.

A partir de la aclaración de Lorena, las felicitaciones les llueve a los futuros padres y por supuesto a los gemelos, que están locos de contentos por ese nuevo rol que van a ocupar.
Los siguientes días todo es genial. No hace el frío que debería hacer en diciembre, incluso algún día consigo escabullirme y darme un baño en la piscina. En esos días, Peter y yo hacemos una ruta por algunos pueblos de Cádiz, tanto de la sierra como de la costa y disfrutamos tanto como cuando estamos solos como cuando estamos acompañados. El día antes de fin de año dice que me va a llevar a una de sus playas favoritas y me lleva a Bolonia. Antes visitamos los alrededores y poco antes del atardecer me lleva a la playa y me hace subir la gran duna que caracteriza esta playa.

- Este es uno de los mejores atardeceres que he visto en mi vida.

- Es precioso Peter, me encanta – digo acurrucándome entre sus brazos.

- Ver como el sol se pierde en el mar… así es como me gusta a mí perderme en tu cuerpo – dice y me besa – te amo Chispitas – y sin dejarme responder, terminamos haciendo el amor en esa playa.

El fin de año en casa de la familia Lanzani es una locura. Hay un montón de niños por todos lados, porque están tanto la familia de Claudia como la de Juan. Somos muchísimos pero disfruto de tanta alegría que contagian. Por la tarde después de comer, me escapo un ratito al cuarto de Peter para llamar a la familia por parte de mi padre y felicitarles el año nuevo. Mi prima Carla se encarga de decirme que mi padre pasará el fin de año con todos ellos y me alegro por él pero aun no tengo ganas ni fuerzas para hablar con él. Y después llamo a mis abuelos a Irlanda para hacer lo mismo. Les pido que ellos trasladen mis felicitaciones a todos los demás. Mi abuela insiste en que hable con mi madre, pero me pasa lo mismo que con respecto a mi padre, no tengo la valentía de hacerlo aun.

Tras esas llamadas se me baja un poco el ánimo, pero entre tanto niño y tanto adulto que se comporta como niño, es imposible. Además Peter se encarga de tenerme distraída el resto del día, sino es con él, estoy ayudando a Claudia a preparar la comida, sino limpiando la vajilla, sino jugando con los niños...

- Mamá el año que viene tendrás uno más por aquí correteando.

- Mira guapo, por muy pronto que lo tenga, el año que viene va a ser imposible que corretee – le digo – además ya hemos dicho que después de la boda.

- Que sí, después de la boda – dice él sonriendo porque aunque la mayoría de las veces nos cuidamos, hay alguna que otra que no, y eso cualquier día nos deja una sorpresa. Una sorpresa que los dos esperamos deseosos y si tiene que pasar, va a pasar.

Las gemelas están demasiado tranquilas entre tanto jaleao, incluso Eva. Sonia y Julia no lo pueden creer puesto que por lo visto la noche de nochebuena en su casa se llevaron toda la noche protestando.

- Eso es porque echan de menos a su padre, soy el favorito de las dos.

- ¡Eres el único! – respondemos las tres a la vez provocando las risas de todo los que están a nuestro alrededor.

Llegada la hora de arreglarnos. Peter y yo nos duchamos juntos y hacemos el amor.

- Hay que terminar bien el año – dice antes de empezar a besarme dentro de la ducha.

Cuando salimos empezamos a vestirnos. El con camisa blanca y traje de chaqueta negra, más una pajarita roja, ya que todos los hombres iban a llevar pajarita roja, hasta los más pequeños. Yo me pongo un vestido: la falda que tiene un corte bajo en el pecho y hasta por encima de la rodilla, es negra y ceñida al cuerpo. Mientras que la parte superior es como una gasa roja que no se ciñe tanto y es de media manga. Me calzo mis taconazos rojos, me maquillo, me hago un peinado con trenzas a un lado, y ya estoy lista. Aunque me toca ayudar a Lorena y las otras primas de Peter a vestir a los más pequeñajos. Yo me encargo de los peinados de las niñas.

Una vez estamos todos listos, nos sentamos a cenar. Es una mesa inmensa. Estoy acostumbrada a estar rodeada de mucha gente en este tipo de celebraciones pero creo que puedo decir que esta familia es mucho más grande que la mía. Durante la cena las risas y charlas abundan. También alguna que otra riña a algunos de los más pequeños… es que terminar el año a todo el mundo pone nervioso. Cuando terminamos de cenar, despejamos un poco la mesa y se empiezan a repartir las doce uvas – o doce lacasaitos para los pequeños y adultos que no les gusta las uvas – para tenerlo todo listo para las doce campanadas.

Mientras esperamos, seguimos charlando y empiezan a aparecer cámaras por todos lados. Aunque la mayoría son móviles, algunos primos de Peter y también Irene tienen cámaras buenas de fotos y son los encargados de retratar la noche. Peter en todo momento me mima y me cuida y yo hago lo mismo.

- Gracias por permitirme compartir esta noche con esta gran familia Claudia.

- Gracias a ti por formar parte de esta gran familia corazón. Mira Lali, sé que para ti no son unas fiestas más. Igual que para Peter. Pero quiero que sepas, que pase lo que pase con tus padres, ésta siempre va a ser tu familia. Haces feliz a mi hijo y eso ya es motivo más que suficiente – sus palabras me emocionan y al verme me abraza.

- Mami, no la hagas llorar – escucho a Peter en la puerta de la cocina.

- No importa, lloro de felicidad – digo mirándolo y él se acerca para secarme las lágrimas.

- ¿Seguro?

- A seguro lo metieron preso – responde Claudia y provoca nuestras risas.

- Peter no tengo motivos para estar triste: estoy pasando una gran noche contigo, con mis niñas, con las chicas… es una noche en familia, como se tienen que pasar estas noches. Así que sí, soy feliz.

Nos besamos y cuando empiezan a avisarnos que van a dar las doce, corremos al salón.
1, 2, 3, 4, 5, 6, 7, 8, 9, 10, 11 y 12

- ¡FELIZ AÑO NUEVO! – gritan los presentadores de la televisión cuando se escucha la última campanada.

Nosotros empezamos a abrazarnos y besarnos, aunque las risas vuelven a aparecer cuando todavía hay algún rezagado con uvas en la boca. Besos, abrazos y felicitaciones llenas de buenos deseos para toda la familia.

Juan y su hermano, empiezan a llenar copas de champán. Cuando todos tenemos copa, hacemos el brindis.

- Arriba, abajo, al centro y pa´ dentro – decimos todos al mismo tiempo.

- Y el que no apoya… - añaden todos los primos apoyando la copa en la mesa y haciendo reír a todos.

Peter me busca con la mirada, yo estoy junto a Irene. Sin soltar su copa, viene hacia a mí, me abraza por la cintura y hace un brindis conmigo.

- Te amo Chispas.

- Te amo Don Motes.

- Por un año nuevo donde lo mejor de este año que ha pasado sea lo peor del que está entrando.

- Por una vida, donde compartamos tanto los malos como los buenos momentos. Porque estando juntos, los malos serán menos malos y los buenos, inmejorables.

Y con un beso, sellamos el brindis de nuestra vida.




1 comentarios:

Alejandra Torrejón dijo...

ahhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhh ¿que puedo decierte que no te haya dicho ya cariño? Me ha encantado la historia la proxima llegada seguro de un nuevo bebe. Y que viva el que no apoya no folla

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